LUCIANO DENVER | MONUMENTO AL CAMELLO
LUCIANO DENVER I Artista visual Argentino con base en Bogotá, Colombia
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MONUMENTO AL CAMELLO

“Monumento al camello” / Instalación, Cemento, láminas de fibro-cemento, hierro / 10 x 2.2 x 2.3 mts / 2018

 

 

“Monumento al camello” / Instalación, Cemento, láminas de fibro-cemento, hierro / 10 x 2.2 x 2.3 mts / 2018

 

“Monumento al camello” / Instalación, Cemento, láminas de fibro-cemento, hierro / 10 x 2.2 x 2.3 mts / 2018

 

 

“Monumento al camello” / Instalación, Cemento, láminas de fibro-cemento, hierro / 10 x 2.2 x 2.3 mts / 2018

 

 

“Monumento al camello” / Foto montaje digital sobre papel de conservación / 78 x 184 cms / 2018  / Ed. 5+2PA

 

 

“Alamar” / Foto montaje digital sobre papel de conservación / 78 x 176 cms / 2018 / Ed. 5+2PA

 

 

“Calle Galiano” / Foto montaje digital sobre papel de conservación / 98 x 188 cms / 2018 / Ed. 5+2PA

 

 

“Dibujo #1” / Foto montaje digital sobre papel de conservación / 64 x 118 cms / 2018 / Ed. 5+2PA

 

 

Haciendo uso de la libertad que brinda el humor, el pueblo cubano se re-apropia del medio de transporte público creado por el gobierno, el Metrobus, en el momento en el que lo nombra “Camello”. El apelativo que le dieron los cubanos a estos extraños híbridos entre tractomula y dromedario, termina por ser adoptado como nombre oficial de este invento del Periodo especial. Que el pueblo nombre un servicio público y que luego dicho nombre se institucionalice puede parecer una anécdota como cualquier otra, pero acercándonos más detenidamente a este hecho, podemos ver cómo describe tránsitos de poder entre el estado y la población. Nombrar las cosas es una necesidad humana, es lo que nos permite darle sentido a la realidad que nos rodea, el acto semiótico tiene un poder casi mágico, y en la acción del gobierno cubano de reconocerle al pueblo su lenguaje, se puede entrever un tránsito de poder entre el estado y la gente en lo que concierne al gobierno de la vida cotidiana. En este caso este tránsito es el signo de la contradicción entre la vitalidad de la inventiva popular frente a la inercia estatal en la vida diaria de la Cuba de los años noventa.

Cuando en el periodo especial se declaraba “la guerra de todo el pueblo”, todos los habitantes de la isla se volvieron los héroes del común por su capacidad de resistir con la imaginación a los embates de las políticas estatales tanto nacionales como internacionales. En los momentos de inestabilidad y de ruptura del “Periodo especial en tiempos de paz”, que empieza con la caída del Muro de Berlín, el pueblo cubano inventa y vive el “poco, menos, nada, nadie”, refrán popular de esta época que se usa para referirse a los discursos de Fidel Castro en los que le pedía al pueblo prepararse para vivir cada vez con menos, preparándose para la “opción cero”; mientras el Estado entra en un estado de inercia e imposibilidad ante la caída de la Unión Soviética y el bloqueo económico de la isla por parte de Occidente.

Durante la existencia del bloque comunista en el siglo XX, las sociedades soviéticas se dedicaron a construir grandes monumentos, siguiendo la estrategia de la “propaganda monumental” propuesta por Lenin, por todos los países soviéticos aparecieron enormes estructuras, brutalistas en su mayoría, para celebrar los triunfos de la revolución y educar a la gente sobre la ética comunista. Pero ¿qué pasa cuando los regímenes caen, qué pasa con Cuba que queda aislada por parte y parte: olvidada por la Unión Soviética después de la derrota y acorralada por Estados Unidos en una forma de venganza eterna? El Monumento al Camello se erige entonces como homenaje a un pueblo que vive durante casi dos décadas en la completa negación de cualquier certidumbre de un futuro, regida por la duda y la sinrazón, a la sombra de la negación absoluta que era llamada “opción cero”.

El caso del Camello puede ser leído como un síntoma de algunas de las lógicas que rigen la relación de los pueblos latinoamericanos con sus respectivos estados: quiebres semióticos entre las realidades de los que gobiernan y los gobernados; la insostenibilidad del imaginario de reproducción de la infraestructura de las ciudades occidentales, que, cuando trata de ser materializado, se convierte en parodia. A pesar del innegable aspecto trágico de esta constatación, revisar al Camello como una suerte de leitmotiv, no debe llevarnos a construir una especie de realidad paródica o ingenua de los pueblos del sur global; al contrario, este ejemplo debe ayudarnos a desarreglar los mitos occidentales del progreso. El acto de construirle un monumento a los pequeños lugares de resistencia de un pueblo que nunca perdió el sentido del humor en medio del derrumbe, enaltece las libertades que nunca perdieron estas naciones coloniales.

María Adelaida Samper

 

 

 

 

La premisa inicial fue viajar a Cuba a buscar los rasgos de lo soviético en una isla del caribe, no existía intención de mostrar la Cuba detenida en el tiempo, esa Habana en decadencia, sino una Cuba que aún no estuviera vista o mejor dicho, oculta.

Viajamos a La Habana en marzo 2017, durante 3 semanas fotografiamos todo lo que consideraba que tenía trazos soviéticos formales o culturales. Arquitectura, carros, mobiliario, señalizaciones urbanas, muchísimos buses porque aún creía que podía encontrar un camello. Incluso a varias personas les preguntamos cómo llegar a un cementerio de camellos, y fuimos a 3 pero solo había viejos buses… Me llamaba la atención como los mismos carros soviéticos envejecían de una forma distinta en los países fríos que acá en el caribe. Creo que eso me hizo empezar a sentir la diferencia de un plan comunista socialista en su lugar y clima de origen y cómo este funcionaba en otros climas. 

Al comenzar a trabajar con las fotos del viaje en mi taller en Bogotá, apareció un nuevo problema, y era que me encontraba aburrido de mis prácticas y me resonaba esa frase que dice que para cambiar el resultado hay que cambiar también el hacer. No pudimos fotografiar los camellos, sino que los tuve que realizar a partir de viejos buses de otros colores con otras ventanas, tuve que pasar por ese proceso medio Frankestein de construcción de una pieza, buscar los recorridos que tenían por la ciudad, y es ahí cuando descubro que se le llamó MetroBus porque copiaba el trazado para el que se había diseñado el Metro de La Habana que Moscú nunca pudo financiar.

Luciano Denver

 

 

“Cubana” / Foto montaje digital sobre papel de conservación / 78 x 108 cms / 2018 / Ed. 5+2PA

 

 

“Trans Metro” / Foto montaje digital sobre papel de conservación / 78 x 108 cms / 2018 / Ed. 5+2PA

 

 

“Girón” / Foto montaje digital sobre papel de conservación / 78 x 108 cms / 2018 / Ed. 5+2PA